Noche #73

Noche del martes, última noche en el continente.

Uno puede hacer un millón de planes para el último día y para la última noche: comprar cosas para la familia, ir a visitar lo que falta por visitar, pasarme la noche en vela y ver amanecer para desmayarme en el avión las 13 horas de viaje, etc.

Pero uno se levanta, se ve en el espejo y piensa: se jodió la cosa. Esta es la historia.

Al despertarme esta mañana, después de dormir 5 horas, en la cama he notado que me dolían mucho los ojos, y he pensado que eso de los Baqueritos deja una resaca terrible. Voy al baño y por error me miro en el espejo: los ojos rojos como los de drácula, hinchados y no puedo apenas abrirlos. Me cago mil veces en los baqueritos.

Me ducho, no mejora, salgo a desayunar, no mejora, salgo a hacer las compras y la luz me molesta, no puedo apenas mirar y me tengo que volver.

Vuelvo a mirarme al espejo y veo que la cosa está igual. Me preocupo, pienso que algo me ha pasado. Así que abro el botiquín y me tomo todas las pastillas que encuentro: ibuprofeno, paracetamol, laxante, fortasec, almax, angileptol, y me bebo hasta una cuchara de yodo, por si acaso. La de la malaria no la tomo, no vaya a ser que me siente mal.

Me tumbo unas horas en la oscuridad, y nada, sique ardiendo, sigue doliendo. Voy a una farmacia. Me dicen que igual es una alergia al polvo y a la polución de Bogotá. Pero yo el cielo lo veo azul. Me da unas gotas para los ojos rojos. Vuelvo a tumbarme en la oscuridad unas horas.

El día ya está terminando, y la cosa sigue igual, así que decido al menos ir a comprar algo para mi madre. La cosa sigue doliendo y parezco un psicópata asesino.

La noche llega, y en el hostal, después de pasar todo el día en él, ya conozco a todo el mundo y voy cambiando de conversación a cada rato. A eso de las 10, la gente ya están cenando lo que han cocinado, otros han empezado a beber cerveza y vino de tetra brik, y otros ven películas. Estoy un rato charlando con Kim, una chica holandesa y con un americano llamado Jim o algo así. Pero me pican mucho los ojos y decido terminar mi última noche a las 11, tumbado en la cama y con los ojos cerrados, y escuchando música, con la esperanza que mañana haya terminado.

Al rato se enciende la luz y veo que la cosa fuera se ha animado, la música está alta, se oyen muchas conversaciones, y entran varios de la habitación a hacerse unas rayitas en un libro. Desde mi cama empiezo a charlar con ellos, y así pasamos una hora. Mi habitación se ha convertido en el lugar oficial de las rayas, y como todos tienen sus bolsitas se van invitando a rondas. Sarah, la chica galesa, aparece para dormir y finalmente deciden cambiar de lugar. 2 de la madrugada.

Me vuelvo a dormir con la esperanza que mañana ya no tenga los ojos rojos.

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