Valparaíso

Andrés va a ser mi guía por Valparaíso. Cogemos un micro (bus pequeño) que sube por los cerros, con bastante esfuerzo y nos deja en el cerro alegre, donde visitamos una de las casas de Neruda, La Sebastiana. Tiene 4 plantas y desde cada una de ellas se ve toda la bahía de Valparaíso. Fue su última casa.

Después pateamos por cerro alegre y cerro concepción. Valparaíso está llena de cerros con un laberinto de calles que suben y bajan, escaleras, ascensores tipo tren cremallera, y casas de colores cubiertas de chapas de metal. También hay palacios, algunos muy viejos, otros arreglados. Cafeterías, murales en las fachadas, y cables de eléctricos colgando por todos los lados.

Hay pintores que venden sus cuadros en las calles turísticas, las que tienen mirador. El puerto, con transbordadores de carga con el tamaño de un campo de fútbol, y un millón de containers en movimiento, ocupa toda la bahía.

La parte donde están los edificios legales, y bancos con ese aire antiguo de grandes columnas y salas de mármol con techos a 10 metros de altura, donde imagino hace años se cerraban todos los préstamos para fletar expediciones, esta parte se ha ganado al mar, porque antes las olas golpeaban directamente contra los cerros.

Comemos en una de los restaurantes del mercado del puerto, empanada de marisco, sopa de marisco (paila marina), cerveza El Pirata y vino 120.

Se necesita una vida entera para poder recorrer el millón de calles que son las venas de esta ciudad. Me conformo con hacerme una idea muy leve.

Fotos de hoy aquí.

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