Perdido en la playa

Estando lejos y con sentimientos extraños, que me queman por dentro, me siento perdido y vuelvo a cuando era niño y me perdía en la playa.

De pronto salía del agua y descubría que allí no estaba mi familia. Ninguno de los 25 primos, ninguno de los 5 o 6 tíos, ni de las 5 o 6 tías, ni la abuela, ni el hermano de mi tío Jesús, ni mis hermanos, ni mis padres. Por ningún lugar veía la sombrilla de flores azul, blanca y amarilla.

En aquel momento me acordaba de todos los consejos de mi madre, que de tantos se volvían inútiles: no te metas hondo, no te mojes la cabeza, mójate el cuello antes de entrar, si has comido espera 3 horas, ponte crema, llévate el flotador, métete solo si se mete tu padre, etc, etc.

Míraba hacia la izquierda, miraba hacia la derecha y nada me resultaba familiar. Cerraba los ojos y deseaba no haber ido a la playa, no haberme dejado llevar por el agua. No haber cometido ese error. Quería volver a mi casa, al camino conocido entre mi casa y el colegio, entre mi casa y el parque, entre mi casa y el mercado, entre mi casa y el trabajo de mi madre, entre mi casa y la casa de Juanjo, entre mi casa y la casa de Rubén, entre mi casa y el otro parque, EL PARQUE DE LA IGLESIA, al que solo íbamos de vez en cuando.

Pero abría los ojos y seguía estando perdido. Entonces había que llorar y alguien te salvaba. Al volver a estar con la familia, seguro, se me olvidaba que quería volver a casa y volvía a meterme en el agua sin mojarme el cuello, sin importar si había comido, hasta donde cubría, sin esperar a mi padre, sin crema y sin flotador.

Con el tiempo desarrollé un sistema para encontrarme. Si miraba hacia el mar no había forma de saber dónde estaba, pero si miraba hacía atrás, hacia el pueblo de Castelldefels, había toda una geografía de apartamentos, muros, moreras y juegos de playa que permitían reconocer un lugar.

Así que cuando entrábamos en la playa, al elegir el espacio para los 25 primos, los 5 o 6 tíos, las 5 o 6 tías, la abuela, el hermano de mi tío Jesús, mis hermanos, mis padres, y para mi, me daba la vuelta y memorizaba la forma de los apartamentos, los muros, las moreras y los juegos de playa. Cuando me perdía, que siempre era porque el agua me arrastraba, salía a la arena, iba hacia el muro de separación y recorría primero hacia un lado y luego hacia el otro, hasta que el patrón de lo memorizado coincidía con la geografía de lo percibido por mi vista. Entonces miraba hacía el mar y allí veía la sombrilla de flores azul, blanco y amarillo, con el bulto de mi abuela de negro debajo, con la falda remangada. Entonces aparecía como un héroe y al preguntarme preocupados dónde estaba, decía: “estaba dando un paseo“.

Luego en la universidad supe que eso mismo hacen algunas aves migratorias para volver al lugar de origen. Al nacer memorizan el mapa de las estrellas del lugar y luego solo vuelan hasta encontrar el la noche el mismo patrón que recuerdan.

Cuando estoy lejos de mi casa, y me siento perdido, solo quiero volver a casa y a los caminos y caras conocidas. Me gustaría haber desarrollado algún sistema de encontrarme sin necesidad de tener este sentimiento, volver a mi viaje y decir “estaba dando un paseo“. Pero se ve que cuando uno es niño lo ve todo más sencillo, y de mayor todo se complica.

6 Comentarios

·

Deja un mensaje

  1. Recuerdo exactamente la sensacion de estar perdida siendo muy chica… cuando se me soltaba la mano de mi mamá y no lograba distinguir mas que piernas gigantes a mi alrededor… era atrozzz… la solucion a eso nació de la misma desesperación, me hice amiga del señor que vendía chicles en un quiosco cercano y entonces ya no estaba sola en el mundo… ahi podía esperar a que mi mamá llegara a buscarme con la cara media defigurada por haberme perdido… (mi madre me perdio varias veces, por lo tanto me vi obligada a desarrollar esta habilidad)

  2. Ahí estamos Al!! Compañero de tantas rutas, colores, olores y sabores. Estoy segura de que alguno de esos mapas que ahora trazas en tu memoria para cuando vuelvas a casa, dejarán lugar para que memorices el mapa de alguno de esos países, de esas ciudades y lugares que tarde o temprano te entrarán a través de los sentidos. Y será entonces cuando una vez aquí, de vuelta, los recordarás con cariño y querrás mostrarlos y compartirlos con nosotros, los incondicionales.
    Alimentate de todos esos lugares, todas sus gentes llenas de energía y de fuerza, apesar de todo.
    Adelante con ese pedazo de viaje! Cuidate mucho,

    la march

  3. Alex,consigues transportarme a lugares ya olvidados.
    Supongo que como la mayoría de niños a los que la pulsión epistemológica superaba el miedo y la parálisis,yo tb me perdí en la playa persiguiendo olas…sin embargo, mi referencia, mi regreso, estaba en la acogedora sombrilla de mi abuela…y eso es lo que me resulta curioso.
    Mi punto de anclaje era un objeto… como puede entenderse eso??…Un objeto!!! Condicionado, caduco, sensible , modificable…

    De nuevo, me sorprendes y admiras. Tu raíz es más sólida e inmutable. El perfil de un paisaje, familiar y conocido arraigaba en ti, proporcionandote libertad y horizonte..
    Busca internamente,Alex, tu mapa de estrellas está en el corazón.

    Un beso y feliz día.

  4. El problema de la sombrilla es que en Castelldefels había una por metro cuadrado, y entonces no medía 1,90, sino que debería medir lo que miden los niños con 5 años, entre 50 y 90 cm, supongo.

    Ya intento describir todos los lugares, pero a veces es complicado!!!!

  5. Yo no me perdí nunca a ese nivel, creo. Pero mi hermano Juanan se perdió varias veces, recuerdo sobre todo una en el Corte Inglés que fue especialmente complicada. Recuerdo mas las pérdidas de mi hermano que las mías.

  6. por q hacen esto no me comprenden nosotros los dioses no somos perfectos nadie es perfecto yo tambien tengo sentimientos y cuando me llaman padre me hacen sentir muy presumido pero ustedes ya estan acostumbrados a sostenerse de algien yo tambien me sostengo en algo yo os cree con el fin de no estar solo

Deja un comentario