Noche #56

Noche del sábado.

Llego a las 20:00 a Riobamba, con idea de coger el domingo el tren a Alausí y ver la Nariz del Diablo.

En las ciudad se celebra las fiestas de San Pedro y se queman ramas de eucalipto en fogatas en las calles. Hay equipos de música con los bajos de los altavoces bien altos de decibelios, y luces de colores.

Busco un lugar donde dormir y encuentro uno de esos hostales semidecadentes, recomendado en la guía,pero semidecadente igualmente. Me dan una habitación, semidecadente, con 2 camas, semidecadentes también. El Hostal Imperial, un buen nombre.

Salgo a cenar algo, y me deprimo un poco porque todo el mundo me mira raro. Se supone que Riobamba debe ser medio turístico, o al menos de paso para coger el tren, pero no veo a ningún turista, y parezco una rareza. Decido cenar en unos puestos callejeros al lado de la estación de trenes. Dos chicas justo al lado mío empiezan a hablar de mi y a mirarme todo el tiempo. Piensan que no les entiendo, que soy un gringo, y dicen cosas sucias. Intento disimular para que sigan pensando que no entiendo nada. Pero la camarera me pregunta que quiero y respondo en un castellano demasiado bueno, así que se acabó el decir cosas sucias y el mirarme. No sabía que el ser gringo me daba más puntos que ser español. Tengo que practicar un español que parezca gringo.

Veo un poco las fogatas y regreso al hostal. Mañana tengo que levantarme a las 5:30 para ir a comprar el billete de tren. Me meto en la cama con el chumba-chumba vibrando en la ventana. Tercer don del mochilero: poder dormir en cualquier lugar.

Noche de paz:

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