Noche #51

Noche del lunes.

Después de visitar las Huascas y hacer una copia de seguridad en DVD de las fotos en Trujillo, he regresado ha Huanchaco para ver atardecer, cosa que no ha sucedido por la densidad de la niebla.

He vuelto al bar de ayer, El Tramboyo, y he me han recibido como el que recibe a un turista que va cada verano al mismo sitio. Esta vez he comido Picante de Marisco, recomendado por mi amigo. Sin picante para mi, por favor.

Me he tomado mi cerveza Trujillo de 600cl tranquilamente. A partir de ese momento es una espera para el bus de las 23:45. Llegan una par de españolas. Charlamos un poco sobre Perú, y lo que van a visitar.

Vuelvo al hostal justo para recoger mi equipaje y alcanzar el último bus para Trujillo, he querido dar una última vuelta por el pueblo y se me ha ido el tiempo. A partir de ese momento y hasta que finalmente llega el bus de Lima que me lleva a Tumbes, en la frontera, es una larga espera, con un par de vueltas por el centro y la compra, por error, de yuca en lugar de bananas. Son exactamente iguales.

Hay otro turista esperando al bus. Pregunto al vigilante cuánto falta, llama al alguien y le informan que llega con retraso, él responde que no pasa nada, que somos 2 gringos, y yo le digo “soy español y entiendo todo lo que dices“, “ah“, y se va con el teléfono dónde no le pueda escuchar. A veces son como críos con un juguete nuevo. El bus llega a la 1.

A las 6:00 el grupo de atrás sintonizan en un aparato de radio, tipo los gitanos en la playa, la emisora “RADIO PANAMERICANA Lo que el Perú quiere escuchar” y comparten las cumbias con todos los demás. Insisto en lo de la contaminación acústica.

Dado el retraso cambio mi billete hasta Machala, en Ecuador. Se hace en el mismo bus con 15 soles. Después de los controles de salida de Perú, entrada en Ecuador, control 1 de maletas, control 2 de personas, llegamos al cruce con Machala a las 16:00. Se puede decir que este momento ha acabado la noche y ha empezado el día.

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