Noche #40

Noche del jueves.

Estoy en Puno. El día de hoy ha sido de traslado. Por la mañana desde la Isla del Sol a Copacabana, con las discusiones de los turistas con la boletería del barco, que ayer valía 10 y hoy 20. También ayer valía 5 ir al norte y hoy vale 200, aunque después de negociar sale por 20. Y el barco que no llega. “¿A qué hora sale?” “A las 10:30” “¿Y dónde está el barco?” “Aún no ha llegado” “Pero si son las 11” “Tranquilo que saldrá a tiempo“. Finalmente nos montan a unos 70 en el barcucho y entonces imagino que hasta que no pase un Banyoles y se ahoguen 50 turistas aquí nadie se va a preocupar de nada.

Desde Copacabana autobús hasta Puno, con paso fronterizo a Perú, y el de control de pasaportes pidiéndole una moneda de Israel a un israelí. Los israelís están por todas partes.

Yo había pensado irme por la noche a Cusco, pero al llegar a Puno, con dolor de cabeza y apestado solo quería una ducha, así que me he quedado con Martina, Theresa, y Natalie que van a seguir juntas por Perú.

Entonces a empezado la aventura de “la ducha caliente“. En la guía indican un hostal con agua caliente. Llegamos y lo único que pregunto es “¿Hay agua caliente?”, ““, “¿Seguro?“, ““.

Dejamos las cosas, vemos un poco la ciudad antes de que se haga de noche y volvemos al hostal. Me ducho el primero. Preparo mis cosas, me meto en la bañera y después de probar varias veces los dos mandos, estoy helado y no sale caliente. Salgo con la toalla y pregunto. “¿Y el puto agua caliente?”, “pues igual no va el calentador. A ver que miro. Pues no, no va, espera que llamo al técnico“. Así que me visto, y mosqueado le pido la pasta de la habitación y nos vamos a otro sitio, tras tener que hacer de nuevo la mochila y estar helado.

En el siguiente hostal pone en la puerta “agua caliente todo el día“. Entramos, le digo que nos enseñe el agua caliente y va Natalie a comprobarlo. Después de unos 20 minutos bajan, que el tipo le ha llevado a la caldera, y a la habitación, y al baño, pero que ella caliente no lo nota. Subimos todos a la habitación y le digo al tipo “a ver, enséñame al agua caliente“, y abre el grifo y sale fría y dice “espera que ahora sale caliente“, y espero 5 minutos y sigue fría, y le digo al tipo “mete la mano, ¿está caliente?” y dice “Sí“, y le digo “¿esto es caliente? Chicas, nos vamos. Si no hay agua caliente -le digo- di que no y nos ahorramos tiempo“, “Que ahora sale“, insiste.

Tercer hostal. Dicen que si hay. Lo pruebo. Es caliente. Por fin me ducho. Pero parece que solo había agua para mi, porque las chicas se han duchado con agua templada.

Cena en una pizzería. Me muero de sueño.

Me tenía que haber ido en bus. Para dormir 6 horas no vale la pena quedarse.

Puno parece una ciudad de retales, como esas telas que se cuelgan en las paredes. Hay calles empedradas, de cemento, de asfalto y de tierra, y las casas parecen haber sido sacadas de todos los lugares del mundo y haberlas puesto aquí.

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