Lima

Lima es Knock Nevis, un petrolero de 458 metros de eslora y 69 metros de manga, un buque de 20 pisos de altura lleno de pasillos, camarotes y salones. Es un buque viejo que huele a oxidado y donde en hay habitaciones de lujo en los pisos superiores y habitaciones sucias en los inferiores, dónde se escucha el sonido de los motores como un murmullo.

Lima para mi ha sido una zona restringida, un viajero de Interrail que solo puede acceder a la zona de asientos y al que las duchas le están prohibidas.

No he visto Lima, he conocido solo una par de pedazos de una ciudad que me ha recibido con lluvia y con niebla, en en la que su inabarcable tamaño me ha desanimado porque prefiero los barcos más pequeños, y los lugares más soleados.

Así que mi visión parcial de la ciudad ha sido la siguiente: La ciudad está junto al mar, y viven 9 millones de personas, un tercio de la población peruana. Debido a la corriente de Humbolt, que viene de la Antártida nada menos, tiene un clima tan raro que hace que la temperatura más fría registrada nunca es de 8º, y la máxima de 29º. La niebla, debido a la humedad de hasta el 100% dura de junio a diciembre.

La ciudad abarca 500 Km2, repartidos en varios barrios. He conocido Miraflores, zona residencial de casas con jardín y edificios de cristal para oficinas, y la playa y el paseo marítimo, y un montón de bares y restaurantes. También he conocido el centro histórico con edificios coloniales, la plaza Mayor (plaza de armas) iglesias rojas y azules, catedrales, y grandes edificios antiguos.

En Lima las distancias son infinitas, todo el mundo te recomienda no ir solo, los autobuses circulan amontonados por la venas de la ciudad, y se necesita demasiado tiempo para empezar a entenderla. Tanto, que el esfuerzo de conocerla, habiendo un millón de lugares que he dejado de lado, no me vale la pena. Es demasiado gris para mi ánimo y quiero lugares más personales, que pueda manejar, donde los mapas no sean tan grandes. Va a ser, en mi viaje, esa estación de servicio a la que se llega de noche, en la nada, para tomar un café y comprar un bocadillo de jamón reblandecido.

Fotos aquí.

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