La mejor puesta de sol

En este viaje he visto varias puestas de sol. Algunas de ellas, según la guía y según la publicidad de cada lugar, son las mejores del mundo. O al menos únicas y especiales.

Existen esas puesta de sol que puedes contar, que quedan bien, que visten. Es necesario, quizás, tener una foto para memorizar los colores, y un diccionario cerca para poder aprender bien la manera de explicar como se esconde el sol. Cuando estás en un bar, en Barcelona, por ejemplo, tomando algo, un gintonic, por ejemplo, y acabas de conocer a alguien, pongamos a un par de chicas, por ejemplo, y se habla de a qué te dedicas, qué te gusta, si has visto tal película, si te gusta tal cantante, y ves como poco a poco se la conversación se termina, y encima ha entrado en el local un Brad Pitt o un moderno que vive en el siglo XXII, o alguien, simplemente, que parece más interesante que tú, y los ojos de las dos chicas están mas pendientes del Brad Pitt o del moderno que del movimiento exagerado que haces con las manos cuando intentas explicar el verdadero mensaje de una determinada canción, entonces tienes que soltarlo:

-¿Sabías que al ponerse el sol en el Salar de Uyuni, en Bolivia, instantáneamente la temperatura se pone bajo cero y que cuando estás en el Sahara tienes que meterte bajo tierra para no congelarte? Lo sé porque yo he estado ahí.

Sin venir mucho a cuento, pero que siempre es mejor que decir que tienes un hijo, como hacía Hugh Grant en “About a boy“, o decir que tienes que tomar una medicación para curarte de alguna enfermedad extraña e interesante que cogiste en un viaje por África Central, por ejemplo.

Luego están las puestas de sol que han sido especiales de verdad, que realmente me han emocionado: desde el barco camino de Santorini, desde un avión la primera vez que volé, desde el tren llegando a Venecia, en el Sahara, en ese desierto de broma de Senegal, en La Pregonda en Menorca, en Chengdu -vale, esta no es de verdad, no se puede ver el cielo en Chengdu-, en Cádiz quemado por el sol, etc.

De todas las puestas de sol que he vivido tengo una que es mi favorita. Una que fue anterior a todas las demás, la primera puesta de sol importante. Y fue la mejor porque estaba exactamente con la gente con la que quería estar, porque escuchábamos la música que queríamos escuchar, y porque aquella puesta de sol parecía que solo la estábamos viendo nosotros y que nos pertenecía. Los colores pasaron del azul intenso de la tarde al amarillento, luego al anarajando y finalmente al verde para acabar en un azul oscuro, casi negro, y tras desaparecer, al poco tiempo, se dibujaron todas las estrellas que salen en los posters de las estrellas.

Creíamos haber inventado aquel lugar, y aunque sabíamos que no era cierto y que antes que nosotros ya otros lo habían inventado y que después que nosotros otros también lo inventarían, teníamos la sensación de haber sido nosotros, y solo nosotros los primeros. Y metidos en nuestra bóveda, donde el tiempo avanzaba a nuestro gusto, y donde el aire era el que habíamos decidido respirar, la puesta de sol no dejaba de ser un actor que trabajaba para nosotros, como un bufón en una corte, para darnos alegría, para hacernos pasar un buen momento. Porque nos creíamos eternos, e invencibles, y el centro del universo.

Tanto creímos vivir el mejor momento, que hoy es imposible creer que no era así. Y por más lejos que llegue, y por más vueltas que de, no voy a encontrar mejor puesta de sol. Porque ya he crecido lo suficiente para saber que ni somos eternos, ni somos invencibles, y, lo que es peor, no somos el centro del universo. Y sin esa sensación, no será lo mismo.

3 Comentarios

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  1. …increible descripción de la puesta de sol…de tus puestas de sol… me has emocionado… ¿y sabes?… ayer viví una de esas puestas de sol… hacia tanto tiempo desde la última vez… que ya ni me acordaba…

    GRACIAS por tus palabras… salen del corazón… y aunque sea la misma puesta de sol, cada persona la decora a su manera… y la tuya…la tuya ha quedado muy bonita…

    🙂

  2. Gracias por tus palabras. Ha pasado casi un año desde que tuve este pensamiento y ya no quiero leer los comentarios que me dejan, porque el 90% son insultos, por mi manera cínica de ver las cosas. Mucha gente solo lee lo que quiere leer y parece que solo reaccionan los que se sienten molestos.

    Me gusta saber que hay más gente que entiende que la belleza y la fealdad de las cosas muchas veces se las encontramos nosotros mismos.

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