Javier Bergia

El Dermidio de Bariloche me ha recordado a Javier Bergia.

Bergia fue nuestra banda sonora en muchos momentos y mientras el verano moría escuchábamos como él cantaba que el verano se moría. Pero Bergia no solo nos dio sonidos para alimentar los recuerdos, a mi me hizo perder, además, el miedo para escribir canciones.

Al empezar a crear canciones no sabía de lo que hablar. Había escuchado grandes canciones que hablaban de grandes temas, y me abrumaba escribir sobre tonterías. Pero Bergia con sus canciones me enseñó que se puede hablar simplemente de las cosas sencillas que nos rodean, de las pequeñas cosas que nos suceden. Él nunca pretendió enseñar nada a nadie. Simplemente habló de sus pequeñas cosas y nosotros hicimos que esas pequeñas cosas fueran nuestras.

De Aquellos años verdes

Quieras o no quieras recordar
algo de aquellos días de asueto,
cuando el tiempo era más ancho
y aún quedaba primavera,
cuando quise regalarte unos zapatos.
Aún oigo la luz de la farola
que alumbraba el patio de tu casa,
donde un día de noviembre
te conté que te quería,
ahora el P.S.O.E. tiena alli unas oficinas.
Que hay de aquel amor
que nos señaló
ya no queda ni la sombra.
Que será de tí,
donde fuiste a dar,
aún te queda alguna peca.
Creo que aún te gusta navegar
con tu barca de papel ALBAL
y aunque fuiste soñadora,
ahora te has hecho señora
de un pirata que te tiene prisionera.
Al colegio te iba yo a buscar,
con el corazón en un pañuelo
y de aquellos años verdes solo queda
un leve aroma de una carta
y un helado de vainilla.
Que hay de aquel amor
que nos señaló,
ya no queda ni la sombra.
Que será de tí,
donde fuiste a dar,
aún te queda alguna peca.

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