El cementerio de trenes

Hay lugares que tienen que existir para servir de escenarios para las películas de radiactivos. En los que al caminar te esperas ver aparecer, de sorpresa, a un tipo con la cara deformada y babeando, con un martillo en las manos. Por suerte siempre se llevan primero a las rubias – si hay 2 rubias, la de mas tetas – y a los negros simpáticos, y no cumplo con esas características.

Lugares en los que no nos atravemos a mirar mucho, no vaya a haber los restos de un cadáver. Dónde puedes imaginar perfectamente a alguien con un casco con visera y un delantal de carnicero, pasándolo en grande con una persona atada a una mesa de hierro con un calcetín en la boca e intentando gritar ayuda, sin éxito, claro.

El cementerio de trenes de Uyuni es perfecto para este tipo de actividades lúdicas. Parece que Uyuni había sido un importante intercambiador de trenes, por su cercanía a las minas de Potosí y con Chile, pero cuando todo eso término, se quedaron los trenes abandonados. Y ahora es un montón de hierro oxidado, sin rastro de cristales, ni maderas, ni nada de nada que no sea hierro.

Supongo que a nadie se le habrá ocurrido llevarlos a una fundición y hacer cosa útiles como la chapa de los Seat 132, las bicicletas Continente de 15.000 pesetas o bolas de cañón.

Fotos aquí.

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