¿Dónde están las gafas de Mike?

Subo al bus que me lleva de Quito a Tulcán, frontera EcuadorColombia. Al subir un tipo que ya está dentro del autobús me pide el billete, se lo enseño, lo comprueba, y me dice que me siente en tal asiento. Luego cuando pongo mi mochila de mano en el asiento de al lado me dice que no, que no se pueden usar los asientos, que la tengo que poner entre las piernas. Así lo hago.

El bus sale y yo me pongo a leer.

Más o menos una hora más tarde noto como que se mueve la mochila, así que la subo a mis rodillas y en ese mismo instante el mismo tipo que me ha pedido el billete me pregunta la hora. Entonces me doy cuenta que ese no es del bus, que es un pasajero más, me doy la vuelta y otro tipo que estaba sentado justo detrás mío se cambia de asiento. Así que ya sé que algo ha pasado.

Abro la mochila, y veo que no están las gafas. Asi que le digo a los 2 tipos “Me habeis cogido las gafas. Son graduadas, no de sol, y no os sirven para nada. Devolvermedlas“, “¿pero que dices?” responde el que estaba detrás. “Si has perdido tus cosas es tu problema“. Me siento indefenso, son 2, y yo solo 1. De buen rollo se lo vuelvo a pedir “Sé que me habeis cogido las gafas. No quiero problemas, no las quereis para nada y a mi me hacen falta, así que me las devolveis y en paz“, y nada.

Aviso al conductor y al azafato y les digo que esos 2 tipos me acaban de robar. La gente me mira y murmura, pero nadie hace nada. El azafato, que es joven, viene conmigo y les registramos las bolsas y los bolsillos. No hay nada. “Ves como no tengo nada“, y el que estaba detras saca unos DVDs que tiene en la bolsa y dice “Estoy trabajando“, y se pone a venderlos por el bus.

Les vuelvo a registrar porque sé que las han cogido, y al ver que no las tienen pienso que las han tirado y empiezo a buscar por el bus. Entonces el que estaba detrás le dice al azafato que se baja, se para el bus y se va. Yo le vuelvo a decir al otro que me diga donde están. Con voz de enfadado, y mucha actuación, se sube la camiseta y dice que él no ha cogido nada, que bla, bla, bla, y se va para el azafato y se baja del bus.

Me jode toda la situación, porque sé que las han cogido. Pero no las llevan, así que empiezo a buscar en sus asientos, en las fundas, y la gente de alrededor también buscan, y aparecen las gafas unos asientos para adelante, la ha encontrado un chico.

Se las enseño al azafato y le digo que no mentía, que esos 2 me han querido robar. La gente del bus comenta que no deberían dejar subir a vendedores, porque en cada semáforo se sube alguien a vender periódicos, frutas, chocolate, música, etc.

Al ir a meter las gafas de nuevo en la bolsa veo que tiene un corte del tamaño de una mano. De ahí han sacado las cosas. Me falta la funda de tela de la cámara pequeña, que por suerte llevo en el bolsillo siempre, porque si llegan a coger la cámara la cosa no hubiera sido tan fácil. Y veo que hay otro corte más abajo, donde tengo la guía y los diarios. El pensar que llevaban una navaja me asusta un poco.

Ni se me había ocurrido que existiera este método de robo, desde el asiento de atrás, por debajo, te cortan con una navaja la mochila y te quitan lo que hay. Ya no sé que más medidas de seguridad puedo tomar. Me viene a la cabeza el email de Anna y Madeleine, las amigas americana y canadiense retenidas en Sucre con Martina, Theresa y conmigo. Hace unos 10 días en La Paz cogieron un taxi para cambiar de hostal, con todo el equipaje, y al salir del coche, el taxista se fue corriendo llevándose todo. Y Stefani, la alemana de Cuenca, que me contó que se durmió en un bus, y al despertar le habían cortado el bolsillo del pantalón donde tenía la cámara que encima era del novio.

En fin, no he podido apenas relajarme ni un solo día, siempre yendo con mil ojos. Pero es que es así, te puede venir por cualquier lado y de la manera que menos te esperes.

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