Diarios de viaje

Cuando Ernesto Guevara realizó el famoso viaje en motocicleta, en el año 1952, con su amigo Alberto Granado, ambos escribieron un diario. Al recorrer Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela, dicen que paso de ser Ernesto a ser El Che. En estos diarios se inspira la película “Diarios de motocicleta“.

Pero la realidad es que cuando El Che publicó este diario, al cual llamó “Mi primer gran viaje. De la Argentina a Venezuela en motocicleta“, lo reescribió, porque siendo simplemente Ernesto y sin llegar a ser todavía un revolucionario, sus pensamientos eran otros. Según el mismo “Al hacer estas notas de viaje, en el calor de mi entusiasmo primero y escritas con la frescura de lo sentido, escribí algunas extravagancias y en general creo haber estado bastante lejos de lo que un espíritu científico podría aprobar. De todas maneras, no me es dado ahora, a más de un año de aquellas notas, dar la idea que en este omento tengo sobre Chile; prefiero hacer una síntesis de lo que escribí antes.

La mayoría de la gente cuando viaja escribe un diario de viaje. Yo mismo lo hago. Pero, ¿para qué escribimos esos diarios?. En una caja en casa debo tener por lo menos 10 diarios de viaje. Diarios que nunca más he vuelto a leer. Solamente los utilicé para ubicar las fotos y las fechas a la hora de crear los álbumes. Si ahora los releyera, con mi nueva visión del mundo, o mejor dicho, con una visión más amplia, más culta quizás, del mundo, posiblemente cambiaría las partes más feas por partes más bonitas, y quitaría todo aquello que ahora me resulte estúpido, pueril o urbanita.

¿Entonces para qué los escribí?. Lo hice, quizá, para volver algún día, cuando me jubile, a los mismos lugares y comprobar como han cambiado las cosas, y quizá recuperar el espíritu de las primeras veces. Mis diarios siempre fueron un complemento a las fotografías, porque empecé a viajar al mismo tiempo que me aficioné a la cámara reflex.

Sé que mis diarios son malos, textos planos, sin descripción porque tengo las fotos. Son como una lista de la compra en la que enumero los lugares, los horarios, los precios, los nombres de los personajes que se han cruzado y, posiblemente, algún pequeño sentimiento. Quizá sería un buen momento recuperar algunos de aquellos diarios y ver si realmente decían algo más.

En este viaje tengo dos diarios. Este que escribo cada día en Internet y que sé que van a leer mis 30 familiares y amigos en algún momento, y que me obliga a no ser tan básico como mis diarios en papel. Y también tengo el escrito a mano donde enumero los precios, los horarios, y los sentimientos que son solo mios y que esconden todos mis fantasmas.

Quizá algún día yo también me convierta en un personaje, por lo menos para los míos, y quiera compartir con ellos algunos de esos diarios. Entonces como hizo Ernesto al convertirse en El Che, tendré que recuperarlos y convertirlo en un diario de segundo grado, unas memorias revisadas.

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